A veces, las cosas salen mal.
Podés postergar un pic-nic al sol y suspender la siesta dominical para derrochar un pote de tinta entero, varios metros de tela y otro montón de cosas.
Podés desesperarte, angustiarte, mortificarte, colapsar y querer mandar todo literalmente a la mierda.
Podés tomarte las cosas con humor.
Podés perder la paciencia y la tarde entera de un domingo
y después consolarte:
"Lo que no puede tomarse volando
hay que alcanzarlo cojeando.
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La Escritura dice: cojear no es pecado".













